El mundo en fracciones

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Terminaron las elecciones y hemos sido devueltos, casi por completo, a la nueva normalidad que el virus ha impuesto a todo al país y al mundo.

¿Por qué casi por completo? Simple. En nuestro entorno nacional la llamada Consulta Popular, aunque no se quiera, mantiene ocupada buena parte de nuestro tiempo.

¿Medios impresos y digitales?, ahí está la consulta. ¿televisión? Ahí está. ¿Radio? Ahí está. ¿Redes sociales? Ahí está. Todo terminará, dicen, el 1 de agosto.

En tanto, como si se fraguara la vida futura de la nación, los actores públicos andan en silencio y nadie se mueve, no precisamente porque no se quiera salir en la foto, sino porque el órgano electoral, que todo lo vigila, anda vigilando y presto a reprender o multar a los irrespetuosos de la legalidad.

¿Salir a votar, again? Bueno, quizá sea exagerado el calificativo. Sería mejor definir…salir a opinar sobre un grave tema, aseguran, que mantiene atado el pasado con el presente y, mientras no se resuelva la diatriba, nomás no habremos de vivir tranquilas y tranquilos. ¿Será?

En este escenario continuamos en ingrata convivencia con el auto invitado virus, que nomás no tiene para cuando irse y, ahora, anda montado en su denominada tercera ola, sea lo que eso signifique, con su inevitable mar de historias por todos lados.

Sin ir muy lejos. En la zona centro de la ciudad capital, una nube de turistas se desplaza animosa. ¿y eso que tiene que ver dirán algunos? Resulta que muchos de ellos desdeñan, olímpicamente, el uso del cubre bocas. Y no es todo. Si uno se fija, uno que otro conductor de autos de alquiler hace caso omiso para portarlo obligatoriamente. ¿obligatoriamente? ¡No señor, eso va contra los derechos humanos!, es su defensa. Una mal entendida defensa que los deja, paradójicamente, indefensos ante el temible nivel de contagios que traen las nuevas cepas del virus.

Aquí entra, necesariamente, otro vínculo. Las vacunas y la vacunación que, claro está, tampoco es excusa para que las personas dejen de usar el cubre bocas que, aquí y en China, es una medida de seguridad recomendada por las autoridades de salud.

En un mundo dividido en fracciones, en donde cada quien aplica lo que considera prudente, tomemos el ejemplo de Francia. Ahí, el presidente Emmanuel Macron ha dicho que no es justo dejar la carga de las restricciones en los “vacunados” y no en los “no vacunados”. Para equilibrar ese estado de las cosas, el presidente francés ha impuesto una restrictiva, para toda persona que ande por la calle, de tener que presentar certificados o pasaportes sanitarios en el momento en que deseen ingresar a sitios públicos y concurridos con más de 50 asistentes. 

Como medida complementaria, el mandatario ha anunciado que los test “PCR” para detectar COVID, dejarán de ser gratuitos y tendrán costo económico. Por lo que, lo más recomendable, será vacunarse y seguir usando cubre bocas.

¿El ejemplo debiera replicarse en otras partes del mundo?, ¿Usted qué piensa?

“Pluma Campechana”.
Por Bertha Paredes M; Escritora y asesora cultura

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