Luciérnaga

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Y, que va resultando que la advertida luz al final del túnel de la pandemia…, ¡era una luciérnaga!

Decepción. Miedo. Coraje. Póngale usted el sentimiento que le apetezca cuando, año y pico después, se ha develado que ni la curva ha sido aplanada ni la epidemia ha sido domada.

Nos guardamos. Nos cuidamos. Luego, con mil cuidados atisbamos hacia la calle con la esperanza de recuperar la tranquilidad perdida ante el invisible virus.

Celebramos con júbilo la llegada de la vacuna. Bien portaditas y portaditos hicimos la fila hasta que recibimos la vacuna, según el rango de edad, de cada quien.

Observamos que la movilidad ciudadana iba en recuperación. Al punto que el problema, la tristeza parecía desvanecerse y una gran felicidad tomaba su lugar, como dice la letra de la bella melodía “La vie en rose”.

Las buenas noticias caían en cascada. Aprobaron la vacunación para los mayores de 12 años. Inició de la aplicación de vacunas a los jóvenes de 30 a 39 años, que son el soporte de nuestra sociedad. Dejaron se ser necesarias las conferencias informativas vespertinas. Algunas entidades apuraban a toda su plantilla laboral, con sus dos dosis de vacuna, a retomar labores. Los vientos optimistas empujaban las velas del barco nacional, hacia puerto seguro. Eso, parecía.

En tanto, desde diversos rumbos del país llegaban rumores de una tercera ola de contagios. El semáforo epidemiólogo, apuradamente, oscilaba de color en color. Se diversificaban las “cepas” del virus. “Fue por la semana santa”, decían algunas voces. “Es la que gente que se descuida y no respeta las reglas de convivencia en pandemia”, aseguran otras voces. “Fue la política”, sentenciaba un coro lejano.

Será el sereno. Pero, varias entidades están regresando a las duras medidas de confinamiento y cuidados del año pasado. Restricción a la movilidad ciudadana. Nadie, que no tenga nada importante que hacer en la calle, debe estar fuera de sus domicilios en los horarios restringidos.

Las idas al súpermercado volverán a ser estresantes. Cuidar que nadie se nos acerque a menos de metro y medio. Insistir en el uso del doble cubrebocas. Y, las demás recomendaciones indicadas por el sector salud.

Se trata, sin duda, de una nueva vuelta hacia lo desconocido. Aunque ahora ya no tanto, porque estamos mejor informados sobre la letalidad del virus que no respeta ni edad, ni condición social. La responsabilidad es de cada quien.

¿Que nos queda? La paciencia. Khalil Gibrán decía que por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.

Llegará el día en que, al advertir la luminosidad de una luciérnaga, estemos en realidad percibiendo la luz al final del túnel. Amén.

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