Día del Libro: volver al sendero de la lectura

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Por segunda ocasión consecutiva la conmemoración del Día del Libro, en este mes de abril, ocurre en tiempos de pandemia.

Esta situación ha obligado a suspender diversos eventos literarios, a mantener distancia con amigas de mi circulo de lectura y perder la oportunidad de visitar librerías para revisar las novedades literarias. Habrá tiempo y futuro, nos dicen, para recuperar el tiempo perdido.

En tanto, en medio de este infausto escenario, la llamada de una amiga me devuelve la alegría por este día en que celebramos la existencia de ese fiel amigo llamado libro. 

Emocionadas hablamos de los libros que hemos tenido que releer y las nuevas obras literarias que, sabemos han sido publicadas, pero que aún no tenemos oportunidad de conseguir; también charlamos sobre la moderna alternativa de tener acceso a los libros electrónicos, que permiten la lectura en pantalla digital. Ambas opciones son bienvenidas y disfrutables.

La plática con mi apreciada amiga, me recordó a un par de amigas lectoras que se caracterizan, cada una de ellas, por su extravagante estilo de lectura. Al final, lo que importa es leer.

La primera de ellas posee un estilo que no cualquiera puede presumir: desde que toma un libro en sus manos, no lo suelta hasta terminarlo. Una vez que inicia la lectura no le gusta interrumpirla. Rara, pero interesante, virtud. Ella lee y lee sin parar, hasta que se topa con la famosa última página. Entonces ocurre otro momento inverosímil: hace una pausa. La pausa puede durar, según su estado de ánimo, horas, días o semanas. Hasta que encuentra, según ella, el momento propicio para dar jaque mate a la página final del libro.

Si la actitud de esta lectora les causa extrañeza, entonces déjeme contarle de la otra amiga que tiene una manía diametralmente opuesta. Ella acostumbra leer sólo la última página de un libro y lo guarda enseguida. ¿Insólito, no? Pero como dice el viejo refrán: cada lector es un mundo. Esta amiga, contra lo que pudiera pensarse, se dice satisfecha de “haber leído” numerosas últimas páginas, aunque pocos libros por completo. Así es feliz.

Terminadas estas anécdotas, considero que este Día del Libro, igual es ocasión para reflexionar sobre si la pandemia ha sido factor para elevar los índices de lectura o ha sido todo lo contrario. Difícil saberlo, pero tenemos un parámetro de medida que ojalá haya mejorado. En muchos otros países el índice de lectura es, en promedio, de 7 libros leídos por persona al año; en México, era, quizá todavía es, de 1 libro per cápita. Lamentable, sin duda.

En este contexto prolongo un ejercicio directo, que no marcará pauta sobre el índice general de lectura, pero nos dará una idea de cómo van las cosas.  Responda lo siguiente: ¿cuándo fue la última vez que leyó un libro? Y algo más difícil: ¿Cuántos libros leyó en los últimos 12 meses?

En todo caso, tome un libro cualquiera; el que esté al alcance de su mano; ábralo; deslice los dedos por las líneas impresas; advierta el olor a tinta; lea un par de líneas y luego ciérrelo; retome la lectura cuando quiera. Y lo mejor, siéntase parte de esos seres humanos que somos distintos, porque hacemos de la lectura parte de nuestras vidas.

Finalmente mire este Día del Libro como una oportunidad para retomar, sin pretextos, el sendero de la lectura con su escritor favorito.

“Pluma Campechana”.
Por Bertha Paredes M; Escritora y asesora cultura

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