Primavera

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Si alguien tiene palabra de honor es la primavera. Pase lo que pase, cada año, llega puntual a su cita. No le importa lo que la humanidad haga o deje de hacer. Le da igual la presencia de la actual pandemia, que ha resultado un desastre para la tranquilidad del mundo.

El año pasado, el ciclo primaveral, nos agarró iniciando el confinamiento obligado por la aparición del coronavirus que nos devolvió un poco de humildad, frente a lo que no podemos controlar. A pesar de ello, los árboles reverdecieron y los jardines se cubrieron de flores que poco disfrutamos ante el temor al desconocido virus que, se decía, viajaba hasta por el aire.

365 días pasaron y los que tuvimos fortuna de sobrevivir llegamos, de nuevo, a esta anual estación que nos recuerda lo bella que es la vida.

No se cómo se mire la primavera en otros lugares. En cambio, conozco y me maravillo por la forma en que se aprecia en Campeche, donde la propia naturaleza se encarga siempre de recordárnoslo. Basta mirar el paisaje, por cualquier rumbo de esta ciudad, para advertir que ha llegado la primavera.

El hermoso florecer de los maculís (conocidas como Jacarandas en la Ciudad de México), nos lo recuerda oportunamente y es, también, inequívoco preludio de que vienen días alegres y soleados a nuestro alrededor.

Hay en particular un rincón de Campeche donde el alma se embelesa ante la majestuosidad y colorido de estos árboles, de aspecto modesto, pero que al florecer no le pide nada a ningún árbol imperial. La avenida que va del aeropuerto de la ciudad hacia el poblado de China, es un lugar que encanta a la vista y que se puede recorrer, una y otra vez, sin dejar de emocionarse ante la multi colorida estampa que nos regala.

Claro. Por supuesto. En cualquier otra avenida o calle de Campeche, inevitablemente, uno encuentra destellos de su grata presencia. No sé quién fue el feliz planificador, que tuvo la magnífica idea de convertir la ciudad en un jardín gigante, pero quien haya sido, merece un aplauso.

La llegada de la primavera nos encuentra ahora sin el estricto confinamiento del año anterior. Y, en esta semi libertad que nos esta permitida, una avalancha informativa nos notifica acerca de la llegada de millones de vacunas que darán batalla al virus, cuanto nos toque, la que nos toque. De alzas en combustibles, que no son alzas sino «ajustes», pero que igual pegan al bolsillo. De la prisa por retornar a los estudiantes a sus escuelas. Del país que se dobla, pero no se quiebra. Y de un virus que sigue al acecho de nuestra salud y que deja emerger, para mala fortuna, la ignorancia consentida de la gente. 

José Saramago decía que la vida, parece una línea recta, pero no lo es. Construimos nuestras vidas en tan sólo un cinco por ciento, el resto se hace a través de los demás, porque vivimos con los demás y, a veces uno contra el otro. Pero este pequeño porcentaje, este cinco por ciento, es el resultado de la sinceridad con uno mismo.

Bienvenida, primavera.

“Pluma Campechana”.
Por Bertha Paredes M; Escritora y asesora cultural

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