Covid y medio ambiente

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En medio de las infaustas consecuencias de la pandemia del coronavirus, aparejada, una pequeña luz de esperanza se encendió para el planeta.

Son bastantes los ejemplos conocidos para ilustrar lo anterior, que tiene que ver con la disminución de los índices de contaminación en múltiples ecosistemas; Pero solo pondré uno que, considero, será suficiente para contextualizar el tema.

Los canales de Venecia un día amanecieron maravillosamente transparentes; cientos de fotografías y crónicas lo documentaron. El milagro había obrado a causa de la ausencia de gente y turistas que, confinados por la advertencia letal del Covid, dejaron de hacer uso de las góndolas que ofrecen paseos diarios por el sitio.

Recuerdo que alguien dijo, acertadamente, que por primera vez en años se daba “un respiro al medio ambiente”, al dejar de agobiarlo con la presencia humana que todo lo colma y colapsa.

El caso de Venecia fue difundido y despertó el ánimo de que era posible tener un mundo mejor; que las personas se concientizarían y aprenderíamos a convivir en santa paz con la naturaleza.

Desde los primeros meses de la epidemia, el temor a lo desconocido y las recomendaciones de evitar salir a las calles derivó en efectivo confinamiento social dejando lugares comunes sin presencia de personas.

¿Y qué sucede cuando la gente deja de estar en todos sitios?, muy simple: las cantidades de basura y todo tipo de contaminantes dejan de acumularse. Calles limpias, mínimo tráfico vehicular y la escasa movilidad ciudadana fueron factores que ayudaron a darle ese respiro al medio ambiente.

Sin embargo, con el paso de los días la avalancha de noticias sobre el agravamiento de la crisis sanitaria fue apagando el interés por este tipo de novedades.

El mundo entró en la etapa de resolver como enfrentar el virus, la búsqueda de vacunas salvadoras y el regreso a la nueva realidad; por todos lados la gente empezó a invadir calles y sitios públicos. Inclusive, era esperable, en los canales de Venecia regresaron personas, góndolas y paseos. No podía ser de otro modo, ante el contundente argumento de reactivar la economía. ¿Qué sucedió entonces?

Si tomamos el ejemplo de los canales de Venecia, para estos días el agua debe estar regresando, o ya regreso, a su habitual “normalidad”. No lo dije antes, pero con sus aguas transparentes aparecieron unos inquilinos que por años estuvieron desaparecidos: Peces, muchos peces que, ahora también tendrán que volver a la oscuridad.

Pero, no es con Venecia que quiero ilustrar la decepción de algo que pudo ser positivo para el planeta.

A todos nos consta que el coronavirus no hizo mella en los tiempos de la naturaleza. La primavera empezó puntual en marzo; más tarde llegó el verano, acompañado con sus días de clima inestable.

En julio apareció una tormenta tropical que, luego de sus lluvias, dejó una dramática escena que echó por la borda la despertada  luz de esperanza para el planeta. En calles y avenidas de una ciudad del norte del país aparecieron toneladas de basura. ¿Cómo pudo suceder, si las familias han estado en cuarentena los últimos 5 meses? ¿Alguien tendrá una explicación?

Lo lamentable para el medio ambiente: hechos como el señalado siguen y van a seguir ocurriendo.

¿Se apagó la luz de esperanza para el planeta?

“Pluma Campechana”
Por Bertha Paredes M. Escritora y asesora cultural.

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