La imaginación de Saramago y la incertidumbre del coronavirus

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Cuando leí por primera ocasión la genial novela “las intermitencias de la muerte” de José Saramago me maravillé de la tremenda imaginación del escritor para subyugar el alma con esta interesante narrativa sobre el tema de la muerte, la conducta humana y la actuación de la clase gobernante mundial en una situación inédita para la humanidad.

En especial esta novela desborda la realidad y muestra un caos generalizado cuando, de un día para otro, la gente deja de morir. Quien haya leído esta obra sabrá a lo que me refiero: todo lo que se conocía como habitual, cambia.

Pero como suele suceder, siendo solo literatura, uno no se atreve a cruzar ese delgado límite que va de la imaginación a la vida real pensando que, ese tipo de cosas, “solo suceden en la mente de los escritores y se queda en los libros”.

No podría de ser otro modo porque la modernidad nos llevó a vivir en una época en que, se pensaba, que todo estaba controlado y se desdeñaba lo desconocido. Al extremo que la humanidad se acostumbró a vivir en un mundo donde películas y series, con el tema de los muertos vivientes o “zombies”, se volvieron inofensivos asuntos para el entretenimiento popular.

Mientras paso a la página 33 de “Las intermitencias de la muerte”, un pensamiento espontáneo me obliga a cerrar el libro. Como un relámpago me llegan varias interrogantes. ¿Se habría atrevido Saramago a imaginar y escribir sobre un virus que ataca y arranca la vida a cualquier persona en cualquier parte del mundo; ¿habría sido capaz de imaginar detalle a detalle los estragos que está causando y el miedo que tiene preocupada a la población mundial?; ¿habría sido capaz de estimar el número de infectados y personas que ha perdido a vida por el coronavirus?

En su novela, Saramago explora como ante lo desconocido afloran las virtudes y maldades humanas. Describe como el hecho de que la gente deje de morir, altera la vida civilizada. Y fiel a su estilo, un buen día, las cosas regresan a la normalidad y se cierra la historia que nos quiso contar.

No sé si el escritor pudo escribir acerca de lo que el mundo está viviendo actualmente con la epidemia del COVID 19; de haberlo intentado, pienso, se pudo topar con la difícil situación de cómo y cuándo terminar la historia.

El mundo y su gente, como auténticos personajes de alguna novela, está atravesando por un inédito capitulo en la historia de toda la humanidad. Un buen día, un virus que se hizo presente y trastocó la forma habitual de vida que se tenía. Y desde entonces, todo cambio.

Han pasado más de 120 días en que la angustia se ha convertido en un indeseado invitado. Y no voy abundar más sobre lo que está sucediendo, porque cada uno de nosotros lo sabe perfectamente. Como también sabe, lo que han hecho y han dejado de hacer.

Y bueno decidí escribir esta reflexión, porque ante el incierto futuro que promete convertirse en certidumbre a través de una salvadora vacuna de indefinida fecha, la frase inicial del mencionado libro de Saramago se torna un deseo en cadena mundial…parafraseo: “Al día siguiente no se infectó nadie”.

Cuando llegue ese momento, quizá empezará a escribirse el final del magro capitulo que nos tiene capturados.

Seremos conocidos como sobrevivientes. Tal vez eso escribiría Saramago.

“Pluma Campechana”
Por Bertha Paredes M. Escritora y asesora cultural.

 

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