Frente al Covid-19, bajar la guardia no es opción

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La epidemia del coronavirus encontró, al mundo y al país, desprevenido. Entendido esto como la ausencia de una efectiva capacidad de respuesta para algo desconocido. Eso, por un lado.

Por otro lado, acostumbrado el ser humano a tener control, de casi todo lo que ocurre en el mundo, no otorgó la debida importancia a la letalidad de este virus y dejó espacio a la presencia de un arraigado mal social llamado: incredulidad.

Hablando del caso de México, desde los primeros días de enero llegaban oportunas noticias del Oriente primero y luego Europa, de lo que venía sucediendo por allá. Infectados y fallecidos eran adjetivos que se iban sucediendo en Japón, Italia, España o Nueva York.

Nos enteramos de las medidas de control que se estaban tomando por todas partes. Cancelación de vuelos. Restricción a la movilidad de las personas. La palabra “cuarentena” empezó a ser popular entre los más informados.

Para el mes de marzo, en México y en todas las entidades del país, se tomó la decisión de poner medidas específicas como la sana distancia y el distanciamiento social, como dos factores para hacer frente a la ola de contagios que se presentía.

No voy a hacer un repaso de todos los sucesos que hemos vivido en el último par de meses; cada quien, en gran o poca medida, ha dado puntual seguimiento a lo que ocurre en el entorno nacional y local. Periódicos digitales, prensa escrita y redes sociales han sido útiles canales de noticias.

Entonces, nadie puede negar que haya suficiente información disponible para que, la mayor parte de los mexicanos, estén oportunamente enterados de las recomendaciones institucionales y médicas que son necesarias para salvaguardar la salud.

Ante ello, resulta incomprensible la cantidad de personas, incrédulas, que desdeñan el peligro al dejar de cumplir las recomendaciones sanitarias y de convivencia social. ¿Acaso, son Supermanes y Supermanas?

Me explico. En tanto miles de familias cumplen con rigor el estado de confinamiento en sus domicilios, otros miles hacen todo lo contrario.

Gente que considera, por ejemplo, el uso de cubre bocas como pasaporte seguro para andar del tingo al tango por las calles exponiéndose ellos, y lo peor, exponiendo a los demás a una invisible posibilidad de contagio del virus que ha infectado a millones en todo el mundo.

Es cierto que hay dos grupos de personas que no pueden quedarse en casa; unos, porque desempeñan trabajos esenciales para que la sociedad pueda seguir funcionando y los otros porque viven al día y requieren ingresos para sobrevivir; se entiende, pero… ¿Y los demás?

Porque no se puede negar que todos tenemos urgencias bancarias, trámites personales impostergables, antojos alimenticios o reparaciones que realizar en casa. ¿Entonces?

En estos momentos críticos de la epidemia en el país y el estado, es justo cuando menos se debe bajar la guardia. Porque, bajarla, nos deja en la indefensión frente a una demanda incontrolable de servicios médicos. Bajar la guardia no es una opción. Cuidarnos entre todos sí lo es.

Antes de salir nuevamente a la calle, sin motivos urgentes, piénselo y mejor haga lo correcto.

“Pluma Campechana”
Por Bertha Paredes M. Escritora y asesora cultural.

 

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