Campeche en tiempos del coronavirus

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Cerrado el Parque Principal de Campeche.

Apegada a la recomendación de aislamiento, para tener a raya la propagación del coronavirus que tiene alterada nuestra vida comunitaria, me mantengo informada mediante las diversas opciones tecnológicas y redes virtuales de comunicación.

Me he enterado que el tráfico vehicular y tránsito peatonal, en calles y avenidas de la ciudad de Campeche, ha disminuido del nivel al que estábamos acostumbrado. Los transeúntes precavidos van con cubrebocas. Otros, intrépidos andan al descubierto exponiendo su salud e incumpliendo con mandatos oficiales. Eso sí. Todos tienen prisa. Saludan de lejos. Los que tienen que hacerse a la calle por motivos urgentes, apenas se detienen al encargo que van y se devuelven pronto a sus domicilios. La mayoría de negocios, no esenciales, están cerrados. Aun así, el ir y venir de gente no cesa por el rumbo del mercado principal o por los súper mercados de cadenas nacionales y extranjeras.

El intenso tránsito de los autobuses urbanos, es distinto. Hay menos cobertura en las rutas. Se percibe una baja en el ritmo de actividades acostumbrado.

El histórico centro de la ciudad también muestra puertas cerradas de negocios, oficinas y centros culturales. En el parque principal, cuyas puertas lucen cerradas, hay ausencia de palomas, solo algunas despistadas revolotean bajo los árboles porque al no haber quienes les den comida, buscan rumbo para ubicar alimento y sobrevivir. Sin deberla ni temerla, las palomas caen en el rango de damnificadas. Ha… y en el caso de turistas ya es mínima su presencia. Uno que otro.

Por el malecón, no se mira la cantidad de gente que siempre, a toda hora del día o noche, estaba haciendo ejercicio. Tampoco hay personas reunidas en grupo platicando. En cambio, se multiplican las parvadas marinas de aves que sobrevuelan a la orilla de la bahía campechana. Los atardeceres siguen ahí, hermosos porque la naturaleza no pierde su ritmo.

En estos días de coronavirus, Campeche está con un clima severo que va de los 35 grados centígrados hasta superar los 40 grados. En las mañanas y mediodía, el calor es tremendo. Por las noches, el bochorno del día todavía se padece; ante esta situación, es ocasión en que vale la pena hacer la diferencia en la vida de los que no tienen voz. Los animalitos de la calle necesitan ayuda de agua y comida. Nada cuesta, el que pueda hacerlo, poner un pequeño recipiente con agua a las puertas de sus domicilios.

Otra cosa que estamos viviendo distinta, es que no se puede mitigar el calor con la ida a la playa. Todos los sitios de playa de la geografía estatal están cerrados, en una sana medida para evitar que las personas estén innecesariamente expuestas a la posibilidad de enfermarse.

Y algo que jamás imagine pudiera suceder, pero está pasando, diversas localidades y algunos municipios han cerrado sus entradas o salidas. Nadie entra si no tiene nada que hacer en la comunidad o no es oriundo. Con piedras, árboles secos, bloques de cemento, volquetes de tierra o escombros y hasta vehículos automotores son usados para clausurar vialidades. Los filtros sanitarios, son las áreas obligadas de salida e ingreso de las poblaciones.

La alteración de la cotidianidad ciudadana tiene un buen motivo: preservar la salud y salvar vidas. Quedarse en casa, es la mejor forma de contribuir.

Ustedes, queridos lectores, ¿cómo viven el coronavirus desde casa?

“Pluma Campechana”
Por Bertha Paredes M. Escritora y asesora cultural.

 

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