Ante la tumba donde todo inició

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¿Qué pasa con los cielos y los olores de Cd. del Carmen?

Un hombre que sufre antes de que sea necesario, sufre más de lo necesario.
– Séneca.

Nada, absolutamente nada llega por casualidad a descubrirse en la vida entre dos, y es que los recuerdos alborotan el espacio abierto una tarde de viernes, en las complicidades de los afectos por encubrir por el momento, en los diálogos donde los temas sufren alteraciones en el significado de la fotografía que hemos tomado aquel día.

Unos cuantos días serán necesarios para ir haciendo la otra plana, la que se aparta por instantes de lo mundano, y un par de abrazos involuntarios de un lado, y efusivos del otro, funden al que narrará las otras historias, y por supuesto a quien emociona de entrada el reto de no tener más treguas por lo pronto.

Han sido pocas horas para dos, pero para los otros, aquellos que juzgan, husmean, asechan y tergiversan las coincidencias, es parte de la fidelidad inhumana, sin sorpresivos finales, porque nada se regatea, todo tendrá su espacio, entre aullidos y quejas, entre salvedades y calamidades en lo inaudito.

Somos parte de generaciones en contraste, sin objetivos para superar marcas, sino para apaciguar los ánimos, por los besos aniquilados, por las noches en desvelos, por todo aquello que nunca llegó ni siquiera a soñarse.

Los días transcurren sin estruendos, en la planeación a mediano plazo, porque la vida es tan corta como el hilo conductor entre un vaso y otro, donde jugábamos a comunicarnos en la infancia de atardeceres únicos, como la tarde del pasado viernes, donde se junto lo vulnerable y lo femenino, ante lo trivial y ese encantamiento armonizado entre permisos y cigarros sin ceniceros de por medio.

Nos informan de lo que dicen que hacen los otros, en lugar de un primero nos asestan que es el tercero, y la amnesia de un cantante famoso de los años setenta se instala también en el retrovisor, mientras tanto en domingo escuchamos más de la misma retórica.

Intentamos salir de la rutina que no deja de ser acompañante incómoda, en tanto le preparamos el certificado de defunción.

Este mes es sospechosamente contrastante en las fechas, que dieron inicio en mayo de 1997, cuando fijamos las otras ociosidades que nos permitirían alcanzar la orilla de un leve descanso, después de tantas madrugadas sin sueño, y tantas noches de desvelos caminando hacia un teléfono público, para escuchar la voz que sepultó las esperanzas de la palabra felicidad.

A nadie le gusta el tormento de sufrir los decesos de sus seres queridos, de sus amigos más entrañables, aquellos que se llevaron a la tumba innumerables recuerdos, convivencias, anécdotas, risas interminables, carcajadas que hacían voltear a las personas de las mesas contiguas en los cafés o en los bares, porque hasta un candado selló insufribles caminos en los espacios de intenciones.

Asumimos en la bifurcación de un nuevo camino, más en el centro del nuevo anonimato, los supuestos, los testigos, entre las miradas que se incrustan en el siguiente abrazo, y los procesos que irán modificando desde el principio, uno que otro obstáculo, partiendo desde el título mismo.

El panorama actual de los silencios prolongados nos hace presagiar algo nuevo, único, donde la mezcla casi perfecta entre los sabores, gustos y colores anidarán más de una madrugada entre vino tinto y un par de habanos.

Libertades creativas, conocimiento medianamente aceptable, donde la frecuencia se instalará como la elocuencia, y abogaremos en todo momento por la quietud del otoño perfecto, sin competencia, a sabiendas que la palabra marca tiempos.

Porque vivimos en una época de giros reflejos, sin la lógica ni la comedia, y donde el drama estará tan ausente como la vanidad de sentirnos vivos.

EN PRIMERA LÍNEA

Ya no sabemos qué pensar del humo y los olores fétidos en los cielos de Ciudad del Carmen en las últimas dos madrugadas del reciente fin de semana.

Esperemos que pronto, alguien con autoridad nos diga qué sucede, con certidumbre, no con fotos y cursilería como hasta hoy. Esperaremos sentados.

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“Siempre hay otros”
Por Mariano Espinosa Rafful.

 

Fuente: Crónica Campeche
02.09.2019

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