Con los sueños y memorias del otro

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“Terraza de Café por la noche” de Vincent Van Gogh.

La paz no es algo que deseas, es algo que haces.
– Robert Fulghum.

Desde el primer momento en la toma puntual de decisiones, en el hacer y el quehacer diario, tenemos presente los imponderables, aquellos que están más allá de nuestros sentidos, de esos irrepetibles latidos del corazón, pero sobre todo sin treguas de por medio, en los avatares naturales de un destino construido a conciencia.

Nunca nos sobran horas ni nos aburre el silencio, una mirada vaya que dice mucho más que cualquier insinuación con palabras, naufragar no es un deporte extremo, y entre el boxeo y el beisbol me quedo con el sabor de unas cebadas, antes de culminar lo que fueron horas inolvidables en un primer día.

Y es que abordamos quizá un diez por ciento de lo que es un gran proyecto que deberá tejerse entre lunas y madrugadas huérfanas, entre vino tinto y unos habanos de aromas dispares, hasta donde nos alcance la nostalgia y el universo.

Son otros horizontes, estos meses por vivir son parte de los cumplimientos, donde no debemos almacenar nada, todo debe salir con esa naturalidad de una tarde entre búhos y libros, pasillos con escaleras que se subían y bajaban cada vez más seguido, en los imponderables de esa quietud que no la distraía nada.

Hay lugares con un sello especial, hay afectos a los cuales dejamos de cuestionarles sus defectos, hay personas que llegan a la vida casi al final del otoño de la existencia a terminar el único ciclo que tal vez no nos atrevimos a abrir jamás.

Compartimos casi todo, porque falta tiempo en ese sinuoso camino de las fatalidades, donde las libertades no se cuestionan, y pesan los guantes, o hasta el bate para pegar un jonrón de nuestro equipo sin piratas.

El reloj no marca ni el tiempo ni los mejores e inolvidables momentos entre lo que vamos narrando y están escuchando, amigos adelantados a ese viaje sin escapatoria, hasta donde las ocho décadas fueron parte de las coincidencias, entre los colores y los gustos.

Nosotros tenemos la obligación de marcarnos, desmarcarnos, enmarcarnos, nunca superar esa línea divisoria, imaginaria, donde habita lo negativo, hasta donde el rencor y los defectos se funden para darle sentido a la calumnia.

Las horas fueron más que un partido de beisbol de nueve entradas, sin extra inning, porque al cabo de los años entendemos que es mejor no empatar, ni en edades ni en gustos, eso se le nombra conformismo y hasta elasticidad conciliatoria.

Dia de concertaciones, de planear sin discursos, de tomar nota, de fallar por cuarta vez en los compromisos previos, ahí donde nos pega por ser ayer 30 de agosto, fecha que ajusta aniversarios, en esta gran travesía de sortear el presente sin falsos triunfalismos.

De brindar por la primera vez, de contar historias que sorprenden de pronto, de fechas anotadas, de finales no soñados, en las memorias del otro, hasta donde llega la inquietud de color negro, que pareciera ser gris, y se lleva a su departamento todo el envoltorio de un libro después de abrirlo, porque la ecología raya en la aprehensión, pero se fuma y ahí nos confundimos, guardamos silencio; para no confrontar las negaciones.

De brindar por el primer encuentro, recibiendo pocos mensajes en diez horas, entre la llegada a la terraza y la retirada a un costado del confesionario, ahí donde dejamos una parte de la vida algunos miércoles.

A veces presiento y determino el paso siguiente, ahora hice la excepción en la sobriedad de la conciencia, concertado el embrujo de saber entre dos tantas historias a la vez, otras tantas afinidades, pero sobre todo personas que han sido parte de la natural navegación, en ese auténtico descenso para enfrentar el dolor de la existencia.

Lo que hoy nos queda, un día después del embrujo seductor de todo lo que rodea a las inquietudes absorbidas con prontitud, es más preguntas que respuestas.

EN PRIMERA LÍNEA

Jamás tendremos ante nosotros tanta quietud como ahora, sin presagiar ni siquiera vientos huracanados y una posible tormenta que nos atrape.

Contados los días para eso sí, confrontar las ideas que flotan en la política doméstica. Algunos días hay que dejar el discurso en el atril; hoy es uno de esos días.

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“Siempre hay otros”
Por Mariano Espinosa Rafful.

 

Fuente: Crónica Campeche
31.08.2019

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