De renuncias a renuncias

 

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En los sucesos de cambios en la administración pública federal cada seis años, la palabra “renuncia” cobra vigor huracanado, ventisca polar si no es que mareas de terror, pues los seres humanos, envueltos en el torbellino del misterio político, son tocados por las circunstancias sexenales.

Conozco de varios acontecimientos involucrados en el anecdotario o la memoria histórica, uno de ellos tiene contacto con José López Portillo, quien fue presidente de la República; tuvo diferentes responsabilidades antes del mayor encargo político, y uno de ellos fue cuando se desempeñó como director general de las Juntas de Mejoras Materiales en el país. Cuando llegó el cambio de gobierno federal, llegó a la Secretaría el subsecretario Rodolfo González Guevara que tenía bajo la jurisdicción las oficinas del titular López Portillo.

Como era de uso tradicional, el subsecretario pidió la renuncia al licenciado José López Portillo y éste, caso insólito, le manifestó que no estaba dispuesto a renunciar, ya que su comportamiento había sido eficiente, honesto, tenía buen desempeño y con el sueldo que recibía sostenía a su familia. Ya imaginamos el rostro de sorpresa del subsecretario y las razones firmes en que se apoyó dicha actitud; González Guevara le respondió que iba a comentar con el secretario del ramo.

En un angustioso intermedio, López Portillo fue a ver a su amigo Emilio Martínez Manatou que ocupaba la Secretaría de la Presidencia y le comentó su natural preocupación. Don Emilio dijo palabras más, palabras menos, “mándalo al demonio y vente a la Secretaría como director general jurídico”.

El licenciado López Portillo regresó a la Secretaría de Patrimonio y cuando se encontró con González Guevara, éste le dijo que el secretario estaba de acuerdo en que se quedara en Juntas Federales, la respuesta fue de agradecimiento, pero refirió que ya tenía otro trabajo.

Pasaron algunos años y López Portillo fue ocupando diversas responsabilidades públicas hasta alcanzar la Presidencia de la República. Entonces Guevara fue embajador en España y Emilio Martínez Manatou llegó a ser gobernador de Tamaulipas.

Por Carlos J. Sierra Brabatta. Abogado, escritor e historiador.

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