Una alegría de vida marina

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Una tarde que miraba el mar desde la ventana de mi casa, vi una tortuga que asomaba la cabeza entre las aguas. No había nadie en la playa. La atrevida tortuga llegó hasta la orilla y se dirigió a un espacio que llaman el arenal. Lo primero que se me cruzó por la mente fue que iba a poner sus pequeños huevos en ese sitio. No quise asustarla, desvié la mirada y me alejé de la ventana.

A la mañana siguiente ya no la vi. Supuse había cumplido su objetivo y regresó por dónde vino. Luego de aquel suceso, por muchos días tuve en mi mente, la imagen de aquella tortuga y en el corazón, la emocionada palpitación de saber que cerca de mi casa, nacerían decenas, quizá cientos, de tortuguitas con pleno derecho a formar parte de este mundo, crecer y vivir una buena vida con la protección de las personas que aman la naturaleza.

Este sentimiento me llevó a investigar el proceso de cómo ponen sus huevos a la orilla de playa; el primer paso es dirigirse a las zonas donde exista arena, enterrarse en ella, poner en el fondo una capa de huevos, cubrirlos con la arena, subirse sobre la capa de arena para pisarla y dejarla compactada. Al terminar esta tarea, las tortugas madre, se devuelven al mar sin tiempo para quedarse a disfrutar del nacimiento de las tortuguitas.

Esos huevecillos, según mi tutorial consultado, se quedan solitos durante un tiempo calentándose con el calor del sol sobre la arena. Si tienen la suerte de no ser encontrados por los depredadores, que se dedican a horadar los montículos de arena, llegan al tiempo de convertirse en una nueva vida que llega a este mundo.

De entre la arena brotan muchas tortuguitas que, despreocupadamente, salen caminando directo al mar sin mirar atrás, como que saben que su fortaleza la encontrarán en el inmenso océano.

Mi paciencia fue recompensada por la naturaleza. Una noche disfruté el privilegio de admirar una alegría de vida marina. Es lindo ver una larga fila de animalitos que se van caminando en busca del mar, su hogar. Las indefensas tortuguitas son seres vivos que merecen vivir. Y uno, como ser humano, puede elegir entre ser depredador o cuidar y proteger esta maravilla que la naturaleza nos regala.

Sé que ya lo saben, porque seguro lo han leído o porque algún ecologista lo ha pregonado entre la sociedad, pero yo de todos modos lo repito y espero lo tomen en cuenta:

¡Ya basta de la depredación, cuidemos a las tortugas y apoyemos su conservación!

El mundo se los agradecerá.

“Palabras al vuelo”
por Guadalupe Montero Canto. Maestra, poeta y compositora.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s