Un mal hábito

Símbolo de respeto social
Mal habito, no respetar el derecho de los demás.

Una apreciada amiga me platicó del tiempo invertido para obtener el permiso, su holograma y usar lugares destinados a quienes sufren algún tipo de discapacidad. Al final lo logró. Una mañana encontró un espacio disponible en el centro de la ciudad e iba a estacionarse cuando otro automóvil se le adelanto ocupando el sitio vacío. Bueno, pensó, seguramente lo necesita más que yo.

Para su sorpresa, con toda desfachatez, un individuo descendió sin problemas del carro y se echó a andar alegremente sin mostrar ningún indicio de tener alguna discapacidad. Ella, le gritó desde su propio auto. El hombrecillo se dio la vuelta, le enseñó la mano con un dedo sobresaliente y siguió caminando hasta perderse en la esquina. El auto que dejó estacionado no tenía holograma.

Cuando me lo contó no lo pude creer. Pienso que las personas de buena voluntad no son capaces de este tipo de gandallismo. Pero, aunque usted no lo crea, parece práctica común agenciarse los cajones exclusivos para personas con problemas de movilidad. Sucede en el supermercado, en el cine, en clínicas, hospitales y hasta en el malecón. Donde haya un espacio disponible siempre un “abusado” se aprovecha y lo ocupa sin una buena razón. Aunque la verdad ninguna razón será suficiente para este tipo de abuso de quienes gozan de cabal salud física.

Aquí recuerdo un vídeo que circuló en las redes donde un “ciudadano”, en pleno centro de la ciudad, se estacionó en un área destinada para vehículos adaptados de uso de personas con discapacidad. El hombre fue filmado mientras se le cuestionaba su mala actitud. Impávido el infractor ni se movió ni respondió por su fechoría. ¡El colmo del cinismo! Al final nada pasó, el oscuro personaje movió su auto cuando se le dio la gana y fin de la historia. Pero, ¿realmente así debió ser el fin de la historia? ¿Usted qué piensa?

Escribo esta colaboración en respuesta a la mala experiencia de mi amiga. Como a ella, otros ciudadanos han sido objeto de este tipo de abuso por quienes gozan de cabal salud y no se tientan el corazón para ocupar lugares que no le corresponden.

Antes lo he dicho e insisto: quizá no logre cambiar los malos hábitos de algunas personas pero, sin duda, con que cada vez seamos más los que respetemos el derecho de los demás ya es ganancia.

A fuerza de repetir lo que está mal, podemos hacer la diferencia. No se puede cambiar de la noche a la mañana a ninguna persona, pero al menos que sepan, quienes acostumbran a ocupar lugares para discapacitados, sin ellos estarlo, pueden estar por seguros que como sociedad, los estamos observando y nos da mucha pena su comportamiento.

 

“Pluma Campechana”
Por Bertha Paredes M. Escritora y asesora cultural.

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