Árbol de Flamboyán

Árbol milenario que cobija
Las flores del Flamboyán vuelan y se van…

Mientras me traslado por las calles de Campeche, me llega un momento de nostalgia. Los primeros meses del año me traen recuerdos de José Saramago. Pronto será otro aniversario de su  partida, el número siete. Pienso en releer su libro Las Pequeñas Memorias. O mejor aún, repetir lectura de El Viaje del Elefante que es reflexión sobre el ser humano y sus flaquezas.

El sonido de un claxon, que presiona poner la marcha, me sacude los recuerdos. Observo el color purpura de unas flores que iluminan el día. Grato paisaje que atrapa mi atención. Los rayos del sol iluminando ramas y flores del flamboyán. Fuerte y frondoso árbol  que ofrece fresca sombra al caminante urbano.

De su enramado brotan miles de flores que renuevan su natural ropaje. La flor del flamboyán prueba la bondad de la naturaleza. Milenario árbol que me recuerda lo pequeños y finitos que somos los seres humanos. Igual me hace rememorar, que parte de  su fortaleza, se debe al apoyo de personas que lo cuidaron cuando apenas despuntaba.

Lo confieso. Gozo mis traslados por las calles de Campeche. Disfruto mi ciudad que me devela instantes de belleza. El circuito baluartes, que rodea el centro histórico, es una ruta donde se asientan un buen número de flamboyanes. Y en otras tantas calles y avenidas se cobijan las raíces de estos bellísimos ejemplares de flora que no es nativa del terruño pero que se adaptó, bendita, en medio del mar y el cerro.

Son pocos los meses del año que florece el flamboyán. Aunque parezca raro, este árbol da sus flores en plena época primaveral. Días soleados  que se alegran y pintan de color. Así de generosa es la naturaleza.

Una generosidad que a veces, por tenerla  la mano, no se aprecia ni valora en su justa dimensión. Se vuelve lugar común levantar la vista o mirar por la ventanilla y ver lo mismo de la acostumbrada realidad urbana. Con la mente y pensamientos ocupados en cualquier cosa menos en MIRAR, con mayúscula, todo lo hermoso que ofrece la vida, la ciudad y la naturaleza.

Desde que descubrí este emocionante espectáculo visual, cada que puedo y el tiempo me lo permite, cuando me traslado a cualquier parte de Campeche, busco seguir rutas que me lleven a disfrutar la mágica alegría que ofrece este milenario árbol.

¡Ha!, tengo otra razón de porque me encanta. El maravilloso recuerdo de la bella poesía de mí admirado y recordado Ramón Rosado Alonso, que se titula El Flamboyán:

 “Pétalos de flor que vuelan

Las mariposas retozan

Y encandiladas se posan

en la luz del flamboyán.

Y al irse las mariposas

Tras el amor de las rosas

Las flores del flamboyán

También vuelvan y se van”

“Pluma Campechana”
Por Bertha Paredes M. Escritora y asesora cultural.

 

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